“Si la oportunidad (de dirigir) es perfecta y se ofrece, qui­zás podría ser. No me pue­do guardar la experiencia acumulada y la sabiduría que he adquirido del jue­go. Hay que traspasarlas a los jóvenes”.

Son palabras de Albert Pujols, del 29 de octubre de 2021, cuando el Escogido lo presentó como jugador en la que fue su penúltima temporada activo.

Pero en marzo de 2023 comenzó a dejar abierta las puertas y en noviembre, tras meses de jugar mucho golf, divorciarse, viajar por medio planeta en su nueva vida sentimental, lo repitió al periódico St. Louis Post-Dispatch. “Creo que, si llega el momento adecuado y es el escenario adecuado, por supuesto, ¿qué jugador no quiere ser entrenador?», dijo entonces.

Aunque entonces dejaba dudas de por dónde iría su próxima incursión. “Si tienes la oportunidad de ser propietario minoritario del equipo o estás buscando ocupar ese lugar, lo estoy aprendiendo de la (oficina) del comisionado. Lo sabía todo sobre el terreno y todavía aprendo mucho allí. Ahora lo miro desde el otro lado”, agregó.

Pujols entiende que dirigir a los Leones en la temporada 2024-2025 es la ocasión perfecta para iniciar una nueva etapa y el conjunto escarlata le dará la oportunidad. El conjunto regresó a la postemporada por primera vez en cuatro torneos con un núcleo que coqueteó alcanzar la final y que no para de fortalecerse.

Unas funciones que lo sacarán de su zona de confort y, para un pelotero que devengó US$346 millones (antes de impuestos y repartición por divorcio), representa un desafío que solo el amor por el juego lo explica. Llegar al mediodía al estadio, enfrentarse a viajar en autobuses de madrugada en las carreteras dominicanas en el apretado calendario que incluye salir de La Romana pasada la medianoche, jugar en Santiago al día siguiente y volver al Quisqueya para un tercer día. Un estrés al que, incluso, ya pocos jugadores de Grandes Ligas se exponen.

Le ha resultado imposible despegarse del deporte que juega desde niño y que en 22 años en las Grandes Ligas forjó una de las carreras más exitosas de la historia del juego. Sigue los pasos de su compadre Yadier Molina, que dirige pelota invernal desde 2022.

El caso de Pujols es la expresión de ese atleta que una vez retirado en la pista mantiene una conexión con el juego que le resulta difícil apartar. No todos los casos son iguales, puesto que el grueso de entrenadores y técnico está compuesto por exjugadores de escasa trascendencia mientras estuvieron activos.

En su biografía autorizada, Felipe Rojas Alou dice que comenzó a trabajar como dirigente de ligas menores en 1976, tres años después de su retiro, porque no ganó suficiente dinero como pelotero. De hecho, los US$160,000 que cobró en su primer curso con los Expos, en 1992, fue más que todo lo devengado en su carrera profesional de 17 temporadas.

Con Tony Peña la historia fue distinta. El exreceptor fue junto a Pedro Guerrero y Mario Soto (1985) el primer grupo que cobró un millón por temporada, pero ese espíritu inquieto lo traslado a una carrera dirigencial que arrancó antes de terminar en el terreno (1997) y que no parece tener fecha de caducidad, como lo demostró el curso pasado con las Águilas.

Manny Acta, el único dominicano en dirigir en ambas ligas, ni siquiera llegó a AAA.

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